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Ningún borrador
¿Con qué borrador borras más de tres siglos de historia que van desde el 3 de agosto de 1498 al 24 de junio de 1821? En la primera fecha las carabelas del Almirante de la Mar Océana, Descubridor de América, don Cristóbal Colón, amarraron en el golfo de Paria, al sur de la Península, frente a la población llamada hoy Macuro y durante mucho tiempo Puerto Colón. Macuro es nombre indígena. Ese día y los siguientes, hasta el 8 del mismo mes de agosto, no hubo ninguna resistencia indígena, sino una gran algarabía. Los habitantes, chaimas descendientes del mestizaje de los caribes con los aruacas, o como se llamaron los mas antiguos pobladores de esa zona venezolana (el nombre no había sido escrito), saludaron a los visitantes del otro mundo con alborozo, salieron de sus casas a las playas de la mar, se vistieron de gala, subieron a sus canoas y se acercaron a las carabelas. En su diario el Almirante, medio ciego, describe a los indios, indígenas o aborígenes —como usted prefiera—: los mejores conformados de cuerpo, hombres y mujeres bellas, ellos con el cabello recortado “a la usanza de Castilla”. El 24 de junio de 1821 José Antonio Páez se luce en Carabobo y a Bolívar no le queda más remedio que, a nombre del Congreso que es, en las democracias, el Pueblo, que elevarlo a general en Jefe. Esas estrellas se ganan, no se regalan ni intercambian por vasallaje.
¿Cómo se hace desaparecer estos cuatro volúmenes de Historia, producto de la investigación realizada por doña Nieves Avellán de Tamayo? Quemar libros forma parte de la tradición en las civilizaciones antiguas y en las modernas. Las conquistas, una corriente y moliente manifestación de barbarie, empezaban y empiezan por quemar libros, por destruir la historia, pero esa tarea ha sido y será inútil.
Puedo repetir la definición de Historia que está en el Proemio de la inmensa y permanente obra escrita por Heródoto: Este es el resultado de la investigación (“historia”) que yo, Nieves Avellán de Tamayo, llevé a cabo con el propósito de que no permanezcan en la oscuridad de los tiempos los hechos realizados por los españoles y los indios en la fundación y consolidación de las preclaras ciudades venezolanas llamadas la Nueva Segovia de Barquisimeto y El Tocuyo.
En efecto, La Nueva Segovia de Barquisimeto se publicó en dos tomos en 1992: Tomo I (Biblioteca de la Academia Nacional de la Historia, Fuentes para la Historia Colonial de Venezuela, Italgráfica, SRL), 635 páginas; Tomo II, 610 páginas. Y En la Ciudad de El Tocuyo 1545-1600 se publicó, también en dos tomos, en 1997 por la misma Institución, Tomo I con 661 páginas, Tomo II con 535 páginas. Estas vastas obras cuentan con moroso pormenor toda aquella epopeya de los comienzos de Venezuela, de los inicios de su historia que no es otra distinta a la organización de los Reinos de las Indias, parte integral del gran imperio español cuya cabecera estaba en el Reino de Castilla; por eso la lengua que hablamos los venezolanos se llama, indistintamente, español o castellano.
La excelente historiadora que ha demostrado ser Nieves Avellán de Tamayo en esos dos momentos historiográficos, acudió no sólo a la bibliografía previa, numerosa y sólida, sino que hundió su investigación en los archivos, donde se encuentran los documentos originales en Venezuela, en España, abrumadoramente, y uno muy curioso en Suiza. Por eso detalla cada paso, cada actividad, en ambas creaciones políticas, económicas, sociales y culturales del establecimiento de Barquisimeto y El Tocuyo. No se trata de los fundadores, los llamados conquistadores, sino de la acción conjunta de los tres grupos originarios de los barquisimetanos y de los tocuyanos (de los venezolanos) de hoy, esta cultura mestiza todavía en proceso de creación. Y comienza por el principio: “Algunos rasgos de la organización social de los indígenas de la región de Barquisimeto”. Para entender todo lo demás, el ordenamiento jurídico, la presencia de los negros, la secuencia ordenada de esa primera historia de los venezolanos.
¿Cómo se borra más de trescientos años de Historia? Sólo aquello que falsifica, desfigura y oscurece, dejará de ser cuando los que le meten candela a la memoria se convierta en un mal recuerdo.
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excelente articulo!