J A C


 

Contáctanos
 
nombre
 
  apellidos
 
  teléfono
 
  email
 
 
 
 

 
     
     
   


Entrar al sistema:

User Name:
Password:
Remember Login:
 
Forgot your password?
 
Or, to request a login for this site, click here.


 
     
     
   

 

 
 

28-Feb-10 4:00 PM  CST  

CARTA A ALBERTO RAVELL 

En una mañana del 17 de febrero de 2010, me escribe Ana Teresa Paúl de Sosa para que contribuya a enviarle una “carta de agradecimiento a Alberto Federico Ravell por su insigne y valiente labor durante tantos años al frente de la televisora Globovision”.

Recordé que entre las cartas de mi tío Pío Tamayo, algunas están dirigidas a Alberto Ravell en 1924, cuando este grupo de jóvenes idealistas, intentaban derrocar la tiranía del Gral. Gómez.

Le dije a Ana Teresa: “es probable que esas cartas dirigidas al padre de Alberto Federico, le sean desconocidastranscribírselas y hacérselas llegar será el mejor homenaje que le podamos hacer” porque reflejan la fibra incorruptible y heroica que formaban el tejido  de estos jóvenes a principios del siglo XX—así como la fibra de esta juventud de principios del siglo XXI que constituyen uno de los pocos muros de contención ante el caudillo destructor de libertades--en una extraordinaria lucha a muerte contra la dictadura para sembrar la justicia, libertad, decencia, prosperidad y respeto a los derechos humanos.

 

(Por otro lado, Pío Tamayo y Alberto Ravell, compañeros de prisión en el Castillo de Puerto Cabello, seguramente han debido tener diferencias ideológicas. Sin embargo, leyendo la carta que Ravell le escribe a Germán Suárez Flamerich en 1951, impresiona como comparten esa fuente de valores que Pío llamaba “idealidad avanzada”.)

 

Pío Tamayo no se debe considerar principalmente como poeta. También fué escritor y periodista. Sin embargo, fue un político precursor y vanguardista—según Miguel Acosta Saignes--, “un gran maestro de juventudes, una voluntad impertérrita sembradora con la actitud, la palabra y el valor de poderosas estacas de árboles de libertad, denuedo y propósitos.”

 

Entre los poetas y líderes juveniles que organizaron la Semana del Estudiante durante la dictadura gomecista en febrero de 1928, estaban Otero Silva, Gabaldon Márquez, Paz Castillo, Fombona Pachano, Jóvito Villalba, Rómulo Betancourt, Guillermo Prince Lara y Pío Tamayo. El día 13 de febrero fueron detenidos los últimos cuatro y trasladados al Castillo mal llamado “El Libertador” en Puerto Cabello.

Los estudiantes recobraron su libertad pero Pío queda preso hasta su muerte el 5 de octubre de 1935.

 

Durante siete años encadenado a los húmedos calabozos del castillo, dictó una de las cátedras más eminentes que recuerde la historia de Venezuela, a insignes jóvenes que fueron cayendo presos por defender sus principios e ideales. Un brutal régimen con calculada paciencia, se dedicó a socavar la creadora capacidad de Pío y de los enemigos de la dictadura, con una saña y un odio que se repite sobre los jóvenes de hoy, quienes tampoco sucumben a los crueles verdugos del oprobioso régimen.

 

Moribundo de tuberculosis, el general Gabaldón convence a Doña Sofía, su madre, para que le envíe un telegrama al general Gómez y permita morir a Pío en brazos de sus familiares. Desde El Tocuyo, partieron la madre, hermanos, los amigos, a Puerto cabello en la casa de la familia de Alberto Ravell, su querido amigo compañero de presidio, donde los esperaba Pío Tamayo agonizante.

 

             

 

LA SEMANA DEL ESTUDIANTE (6-12 de febrero de 1928)

 

El 25 de enero de 1928 se reunió el Consejo Supremo de la Federación de Estudiantes, presidido por Raúl Leoni (entonces bachiller). Los Centros de Estudiantes de Derecho e Ingeniería y la Sociedad de Estudiantes de medicina decretaron la celebración de la Semana de los Estudiantes: Después de los actos del 6 de febrero en el Panteón, en el Teatro Municipal, Pío recitó su histórico poema “Homenaje y Demanda del Indio”, que repitió en el Teatro Rivoli: “A su Majestad Beatriz I, Reina de los Estudiantes”.

(extractos.)

 

 

Sangre en sangre dispersa,

Almagre oscuro y fuerte

Estirpe Jirajara,

Cacique Totonó,

--baile de piaches, rezo de quenas—

Soy un indio Tocuyo

Yo.

 

Yo llegué de ese altiplano

a avisarme en mis hermanos

los de la Universidad,

-savia en afanes quemada,

delirio del roble erguido-

y a rendirte mi homenaje

de indio triste,

Majestad.

 

Los miles de estudiantes

-cada estudiante, Reina,

en un mundo en promesas y un trajín de tormentas-

han abierto hoy sus pechos sobre más infinitos,

al ver que oraculiza en tus manos llaneras

el tripartito escudo de su Federación.

Mañana, anhelo, pueblo,

mirandinos colores de la emancipación.

 

Beatriz del estudiante,

cetro de rebeldías,

corona de futuros;

bajo el palio de auroras de vuestro trono eres

la juvenil canción de amanecer.

El ensueño durmiente al amparo del alma

jubilosa y dinámica de la Federación,

hecho viva esperanza

en tu luz de mujer.

 

 

Y digan con mis voces palabras de tus súbditos

que es tu reinado, Reina, el único que no hace

cesarismo anacrónico

en esta nutridora selva de Guaicaipuro,

de Mara y Yaracuy,

y del equino trueno

de los cien mil corceles,

sobre el que galoparon

libertadas naciones.

 

Fugitivo perfil de la garza morena,

¡Oh, perfume caliente de las mazorcas tempranas!

Durazno de oro en rama;

cosa dulce y romántica cuando se dice “amada”;

ternura inacabable de la venezolana;

orgullo de nosotros.

Reina en cuya belleza

riman nobles y claras mis palabras agrestes,

divinizo tu boca

tan ingenua y traviesa

diciendo la dulzura que oí yo ayer.

 

¡Me han quitado mi novia!

La novia que me quiso; ¡mi novia enamorada!

Palabras que se dicen con la pena infinita

de quien ya no podrá volverlas a cambiar…

 

Qué bien decirte tú,

como a mi novia, Reina.

En ti la miro a ella

y al mirarte me acuerdo…

Era de sol su carne y de un frágil metal.

El eco de sus voces era de acero azul.

Estaba hecha de alturas. A ti se parecía.

 

¡Cómo me acuerdo, Reina!

Temblando bajo sombras la amaba con angustias.

En mis venas corrieron los miedos por su vida.

Y un día me la raptaron.

Un día se la llevaron.

 

Desde los horizontes,

allá donde hace señas de adioses el crepúsculo,

vi encenderse los últimos luceros de sus besos.

 

 

 

Aprestarse a la andanza, porque la hemos perdido

¡y salir a buscarla!

¡Mirar cómo levantan asfixias hasta el cielo

las crestas de los cerros!

 

Agotarse llamándola en los senderos mudos.

Oscurecerse en noches solitario y rendido,

¡y sentirla que sufre y que se está muriendo!

¡Ah! Ya no puedo más, Reina Beatriz. ¡No puedo!

Vuelve a llorar el indio con su llanto agorero…

 

Pero no, Majestad,

que he llegado hasta hoy,

y el nombre de esa novia se me parece a vos!

Se llama ¡LIBERTAD!

Decidle a vuestros súbditos

-tan jóvenes que aún no pueden conocerla-

que salgan a buscarla, que la miren en vos,

¡Vos, sonriente promesa de escondidos anhelos!

Vuestra justicia ordene.

Y yo, enhiesto otra vez,

-alegre el junco en silbo de indígena romero-

armado de esperanzas como la antigua raza,

proseguiré en marcha.

Pues con vos, Reina nuestra,

juvenil, en su trono, ¡se instala el porvenir!

 

 

                                        Mundial, 7/2/28, Caracas.

 

 

Este poema, sin saberlo, llevo a Pío a la muerte. Vestido de negro, se presentó en el Teatro Municipal. Avanzó lentamente al centro del escenario con la mirada en la joven morena reina de los estudiantes: Beatriz I. En un gran silencio, con voz de expectativa acompañada de una dicción penetrante, el recitante toca profundamente la fibra de los espectadores: “Sangre en sangres dispersa, / almagre oscuro y fuerte / estirpe Jirajara, / cacique Totonó, / --baile de piaches, rezo de quenas-- / Soy un indio Tocuyo / yo”. Como si viniera del más allá, con intensidad irracional,  se revuelven las esperanzas de los oprimidos que han librado infinitas luchas por la libertad. En el espeso silencio de los espectadores, rechina la voz que fisura el miedo que provoca la dictadura, dirigiéndose finalmente a Beatriz I: “El nombre de esa novia—exclama Pío exaltado--, se me parece a vos! /  se llama:  ¡LIBERTAD!”.

 

 

 

                 CARTAS DE PIO A ALBERTO RAVELL

 

Relata el historiador Raúl Agudo Freites en su libro “Pío Tamayo y La Vanguardia”, que el 1ro de julio de 1923 fue asesinado el general Juan C. Gómez, vicepresidente de Venezuela y  hermano del dictador. La noticia llegó a Nueva York donde estaba Pío con los exiliados. Hicieron planes para invadir a Venezuela con otro “núcleo de venezolanos mayor y mas organizado” en la habana,  entre los que estaban: “Laguada Jaimes, Ravell, Gilberto Gil, los machado, Salvador de la Plaza. Estos a su vez estaban en contacto con México, donde otros grupos activaban la invasión de Venezuela”… “A principios de 1924, llegan a la Habana noticias de una posible invasión de Arevalo Cedeño a Venezuela por el sur. Los emigrados se aprestan a participar. Pio escribe, en mayo, a Alberto Ravell y Gilberto Gil a México”:

 

Queridos amigos:

 

  Laguado Jaimes me ha dicho de la probable salida de ustedes en mayo…..Probable salga en próxima semana para México, pero estamos pendientes de recibir ciertas noticias, en cuyo caso cambiaremos de rumbo para la frontera. Sabemos que Arévalo Cedeño está peleando en Apure, pero no hay más detalles…..Es imprescindible, pues, no dejarlo solo, irnos a reunir con él, si no se puede intentar un golpe por otra parte, que reparta la atención de las tropas de Gómez y ayude a despertar el espíritu del pueblo: Oriente u Occidente, Coro, Churuguara, cualquier punto es bueno para invadir. El asunto es que seamos quince, veinte, el número no representa gran cosa en el momento actual para quienes sabemos que podemos hacer mucho por escasos que seamos. Lo que importa es conseguir las quince armas y el modo de situarnos en territorio venezolano. No tenemos dinero para comprar armas, carecemos de dinero para pagar una embarcación, pero sí podemos pagar: Laguado, Montes, Alvarez, Arévalo, Montenegro y yo el pasaje hasta Colombia. ¿En que situación se encuentran ustedes? ¿Podrían hacerse con quince fusiles y unas cuantas municiones? ¿Convendría salir a Veracruz y unirnos y hacernos con las armas necesarias? ¿Quiénes saldrían de México con ustedes? ¿Qué les dice o puede hacer Carlos León?

   Escriban rápidamente, al minuto. Una estrella prende en la noche de nuestro ostracismo: pongámonos en camino.

                                                                                                         

                                                                                                                                   Pío.

 

 

  Y mientras llegan las respuestas a tan perentorias preguntas, prepara la opinión en el periódico. Bajo el título “Por qué vamos a la guerra civil”, escribe desde la Habana en Venezuela Libre exponiendo la situación venezolana:

 

      Venezuela sufre un gobierno tiránico, inconstitucional, conclusionario y dinástico; la oposición no pudo enfrentársele oportunamente, y cuando lo hizo fue vencida fácilmente; la tiranía usurpó el poder con el auxilio de los yanquis, que situaron su escuadra en Curazao; seguidamente entregó, en pago, las riquezas nacionales. El espíritu nacional está enfermo, la conciencia dormida. Por todo eso:

…los que no ignoramos las responsabilidades que hemos cargado sobre nuestras espaldas… sabremos ser decididos por los que tuvieron temor, honrados por los que carecen de vergüenza, previsores por los que no prevén, patriotas por los claudicantes…He aquí por qué vamos a la guerra civil. Vamos a luchar por el advenimiento de la revolución radical, por esa que solicita la implantación de mejores formas de vida social y vamos a la reconquista de la patria sana, próspera, feliz, y a conjugar la resurrección de la patria continental, grande y fuerte, del ensueño de Bolívar.

   Tengo el fusil al hombro y estoy formando ya en fila aumentada de continuo. Invito pero advierto, que vamos a una guerra civil, que es como un prólogo.

 

                                                                                                         Pío Tamayo

 

 

 

  “La incertidumbre, la falta de noticias y de contactos directos, la necesidad de acción, imponen a los emigrados una actitud. Enviar un emisario que se acerque a las fronteras venezolanas, que estudie las posibilidades reales del movimiento, que hable y pacte con los emigrados de Colombia. El más indicado es Pío Tamayo. Montes trabaja, Laguado regenta una escuela, los demás tienen inconvenientes. Así que Pío Tamayo parte para Colombia en misión de adelantado.”

 

 

LA CARCEL: EL CASTILLO LIBERTADOR DE PUERTO CABELLO

 

el frío y la humedad se cuelan hasta nuestros huesos. El calzado se hunde en la arena del calabozo que resume agua salitrosa. Estas bóvedas están mas bajas que el nivel del mar y a través de la espesa muralla y el farallón que defienden la fortaleza, se siente el foetazo de las olas y a ratos parece que estuviéramos en la cala de un barco…hay ratas también. Ratas negras de ojillos feroces que destrozan la ropa y muerden a los durmientes…y cangrejos que salen de las grietas de las piedras a buscar de noche, por el pavimento del calabozo, un desperdicio de comida imposible…en el muro de fondo los líquenes cuelgan como de una roca marina. La bóveda es un túnel de unas quince varas de fondo, a cuyo techo curvado casi alcanza la mano. Y es tan nauseabunda, se filtra el agua en ella de tal manera, que da la impresión de que vamos a vivir en el interior de una cloaca. La sombra. El olvido. La noche, en fin, sobre las retinas, sobre el alma, sobre el pensamiento. El holocausto de una adolescencia…”

(J.R. pocaterra: Memorias…).

 

En estas condiciones pasó Pío sus últimos años que lo llevaron a la tuberculosis y a una muerte cruel y “calculada”.

 

Pío estaba encerrado en el calabozo No.6, y en sus charlas a los estudiantes presos insistía señalando:

 

dentro de la problemática venezolana, la única manera de luchar contra el dictador era organizando al pueblo, educándolo en el conocimiento de sus deberes, fundando una prensa abundante, enérgica, arriesgada.

 

Pedro Nolasco Pereira, uno de los estudiantes presos entonces, testimonia:

 

    En la inseparable compañía de sus grillos y sentado en el catre de tijera que una especial concesión de las autoridades del penal le permitía disfrutar, en más de una ocasión nos hizo olvidar Pío Tamayo la dura realidad y las miserias inherentes al lugar, haciendo un verdadero derroche con su charla variada, amena en que nos contaba con labia tranquila, reposada, continente, y ese dominio en sí mismo que da la seguridad de lo que se dice,  sus interesantes aventuras en Centroamérica y las Antillas.  Al hablarnos de las luchas estudiantiles en los países que visitara hizo siempre hincapié ….en el papel preponderante que, en no lejano día, habría de desempeñar en la cultura y el encauzamiento cívico del país, el estudiantado venezolano.

 

   “Estas charlas de Pío Tamayo entusiasmaron a los dirigentes presos de la Federación de Estudiantes. Organizaron otra serie, dictada esta vez por los mismos estudiantes. Con ello, además del fin cultural, se perseguía emplear el ocio interminable en forma útil. Las inició Pablo Rojas Guardia, casi adolescente, con una sobre “La Vanguardia Poética”. Siguieron José Miguel Gómez, Miguel Acosta Saignes; Isaac Pardo, Rafael Camejo, Ramón Rojas Guardia, Rodolfo Quintero, Guillermo Meneses y Juan Bautista Fuenmayor.”

 

   “Este último habló sobre las “Escuelas Sociales” y comenzó en forma inusitada: “En nombre de Marx, de Engels y de Bakunin…” El contenido de la charla –exposición de teorías y toma de posición por el marxismo- y su inesperada profesión de fe, provocaron vivas discusiones. El grupo se dividió en bandos. Capitanes de grupos fueron, de un lado, Pío Tamayo, defensor del socialismo, y del otro, Rafael Arévalo González,  mílite conservador. Después de la charla, los “jefes” polemizaron. La polémica trascendió hasta los guardianes. Y desde entonces alrededor de Pío Tamayo se formó una aureola de “comunista”. Aureola que unida a la infante delación que el funcionario gomecista  hiciera desde La Habana, había de convertirse en condena cinco años después.”

 

  “Los estudiantes salieron en libertad definitivamente en marzo de 1929 {con ecepción de Pío}. Su puesto en el Castillo vino a ser ocupado por otras personas víctimas de fallidas intentonas: la de Curazao con Machado y Urbina; la de Cumaná con Delgado Chalbaud, donde muriera Armando Zuloaga Blanco; la de Gabaldón en Trujillo. Alberto Ravell, Andrés Eloy Blanco, Pepito Pichín, Rafael María Carabaño, Luis López Méndez, Francisco Angarita Arvelo, el poeta Alcides Losada, Julio Alvarado Silva, el propio general José Rafael Gabaldón, Carlos Julio Rojas, Juan de Dios Gómez Rubio, Roseliano Pérez, Edmundo Urdaneta y cientos más eran los nuevos huéspedes. Con ellos habría de compartir el poeta la obsesionante monotonía de la prisión y el doloroso proceso de su enfermedad.”

 

 

   “Los días se dibujan sobre un fondo de mortal monotonía. Encierro, patio, calabozo y sueños. De afuera viene sólo el rumor de la marea y la brisa que trae un perfume salobre. La munificencia de la dictadura, provocada por la presencia de los estudiantes, había terminado. No hay más desayunos con avena y almuerzos suculentos. Sólo el rancho, el terrible rancho de la prisión gomecista.  Café guayoyo en la mañana.

Topochos y frijoles pasados en la tarde. De vez en cuando, una encomienda que llega falla por la voracidad de los guardianes. Dulces caseros, tortas de los amigos de Puerto Cabello, pan que viene de EL Tocuyo. A veces en la miga, un mensaje breve preñado de esperanzas. La salud del poeta, con altibajos, se mantiene en un nivel precario. Le han permitido un tratamiento que contiene a duras penas la voracidad del mal: cacodilato de soda por la vía endovenosa, seis inyecciones día por medio y descanso de quince días; irrigaciones desinfectantes en la nariz; fosfatos como reconstituyentes. Las medicinas pasan bajo requisa. A veces, también en el interior de una tapa o en el fondo de una caja de inyecciones, viene el mensaje de la madre o de la hermana. La esperanza prende en las noches como la luz de San Telmo.

   Esta breve convalecencia le devuelve el ánimo impulsándolo a obrar. Junto con los otros presos funda una escuela con programas por ellos mismos elaborados. Primaria, secundaria, especial. Una intensa labor de alfabetización se realiza a través de la enseñanza cautiva. Hombres adultos aprenden a leer y a manejar las cuatro operaciones fundamentales. Otros hombres que ya sabían, entran en el conocimiento de la historia, la geografía social, la economía política y el arte. Se dictan clases de contabilidad, que inician a muchos en el conocimiento de una profesión. Profesores de esta escuela inusitada son Andrés Eloy Blanco, Jóvito Villalba, Alberto Ravell, Francisco Ramos, J.M. Carrasquero, Luis E. Monsanto, Herman Nass y José Pío Tamayo. Este a veces falla en la docencia. La fiebre lo somete, a veces, a pausas indeseadas. Pero, una vez repuesto, acomete de nuevo la tarea con fervor.

   Cuando llega alguna encomienda con pan o dulces, la reparten equitativamente. Cuando son frutas –ciruelas o higos-, hacen confitura. A veces, tienen incluso música en la cerrazón del calabozo N° 6 que se expande a las otras celdas. La familia de Andrés Eloy Blanco ha logrado con el siniestro “general” Camero permiso para introducir una victrola. Tras el aparato llegaron los discos. Música de Paderewsky, de Chopin, de Tosselli. Y también tangos, foxtrots y canciones de moda…El poeta describe el cuadro:

 

      …..sobre una tarima de madera, cinco camas “lujosas”. La victrola funciona. Una vela, al lado, mal alumbra. Da cuerda Andrés Eloy, que es director del espectáculo. Campanuda la voz del anunciador al dar el título del disco. En las colchonetas, sentados, descansando los grillos sobre sus “cirineos”, escuchamos los diecisiete compañeros. La música abre sus perspectivas sonoras y los ensueños, las evocaciones,  las miradas sin pupilas viajan hacia los mundos libres y los horizontes pretéritos, que se acercan agotando distancias….”

 

    Así pasaron los años del 32 y el 33. Fiebre, convalecencia y recaida. Las medicinas precarias cumplían su misión. Al faltar, faltando igualmente otros cuidados, postraban al poeta desventurado. Este resiste, sin embargo, con entereza. Sus compañeros no lo oyen quejarse ni solicitar ayuda. La que recibe es porque los compañeros conocen su estado y se la prodigan hasta donde pueden.

 

Pío en sus charlas “enjuicia acerbadamente el caudillismo y el militarismo, los levantamientos de montonera, el “idolatrismo heroicista”. Habla del nuevo sentido crítico de la historia y del pueblo como gran protagonista de la misma:

 

lo he dicho y repetido y he de afirmarlo muchas veces más…nuestro mal proviene de no haber tomado en cuenta al pueblo como el primer elemento de acción social. Camarillas oligárquicas, europeizadas en cultura y teoría política y celosas de conservar privilegios heredados de la española oligarquía, pugnaron contra el empeño democrático encauzado por caudillos a cuyo alrededor se agrupaba la turba cuartelaria y el sentimiento mal definido y no explicado de las mayorías que, después de dar soldados para una guerra de independencia y de “abolición del dominio del hombre para el hombre”, fijaban en un “hombre propósito” –Guzmán, Falcón, Hernández, etc.- la realización de sus esperanzas, satisfacción  de las necesidades de emancipación política y económica de los más. Pero el caudillo vencedor y su grupo, como las vencedoras burguesías de la Francia del 94 y del resto de Europa del siglo XIX, adueñadas del poder, traicionando la democracia, se erigían en minoría explotadora, conduciendo a la población indígena a una creciente pauperización, arrebatándole cada día más, toda esperanza de efectiva liberación.

    No concluiré sin decirle que la actitud pensamental del gran grupo avanzado entre el conjunto estudiantil, iguala en conceptos con el grupo que hoy formamos aquí dentro unos cuantos, haciendo el único núcleo que prepara y se prepara en constante labor de preocupación porvenirista…El futuro será nuestro, de los que agarramos el porvenir en la mano para moldearlo con líneas de arte y ciencia nuevos.

 

 

 

   Efectivamente, los presos tienen libros, leen pueden escribir y recibir cartas y encomiendas. La dictadura abre el compás en el primer tiempo. Desde Puerto Cabello enviaban víveres y alimentos. Desde el interior, las familias hacían llegar pan, dulce y dinero. Poco después volvería el régimen ignominioso del “rancho”. Mientras tanto, Pío Tamayo aprovecha la pausa de la dictadura y de la enfermedad para escribir versos.

De ese tiempo son los “Cantares de lo Fatal”:

 

Este es un cantar:

Rasgando telas de circo

va una guadaña viajera

y las estrellas encienden

cirios para un funeral.

La muerte, muerte, la muerte

 

Este es otro cantar:

ha llegado a saludarme

y le pregunté sonriendo

¿cuándo vamos a  pasear?

 

Y este es un cantar con luna:

en una madrugadita

está la luna llorando

llora por saber que muero

y en pañuelitos de yerba

va sus lágrimas dejando.

 

EL FINAL: LA MUERTE ANUNCIADA

 

Castillo Libertador: 21 de octubre de 1934

 

 

Mi muy querida mamá:

   Piense antes de leer ésta que el hijo que se la escribe la quiere mucho, mucho, muchísimo……

   ¡Siempre había de escribirle desde el presidio la carta del adiós! Hace cinco años, en su nombre….dije mi testamento. Estuve amenazado por la muerte. Hoy estoy agarrado por las tenazas de sus manos. Y antes de morir, le hago mis letras postrimeras a los veinte días de la hemorragia frecuente, con las manos sin fuerza, porque la sangre falta ya a mis venas. Muero asesinado por los verdugos que asesinan también a Venezuela. Me matan con crueldad calculadora….Hace seis meses, durante la convalecencia de una gravedad, me separaron de mis compañeros y me incomunicaron encerrándome en este calabozo, donde falta el aire hasta para respirar. La recaída fue inmediata.  Me negaron la asistencia del médico, a pesar de que el doctor Joaquín Quintero ofreció venirse a encerrar conmigo; me suspendieron la pasada de encomiendas y me negaron el derecho de pedir aumento de recursos. Hubiera perecido ya, sin la ayuda generosa de los generales Mibelli y Gabaldón, incomunicados en calabozos vecinos al mío y quienes han logrado suplirme medicinas de urgencia…Ellos me ayudan a medicarme y me atienden algunas necesidades. Sin embargo, he luchado con firme voluntad de vivir y al ver que se acerca el final inevitable, me he revestido de serenidad y procurado prolongar la lucha, porque he tenido la ilusión de resistir lo suficiente para salir a darle a usted el último abrazo y esta esperanza me alienta a combatir el mal y resistir las torturas…..

   Supe que mi condena obedece a que tengo escuela de comunismo en el Castillo. No de comunismo, pero sí de idealidad avanzada. Cada día en la cárcel me preparo mejor y mis amigos Herman Nass, hermano mayor, Julio Alvarado, Joaquín Quintero, Jóvito Villalba, Manuel Silveiro, José  María Suárez y otros, le dirán si yo podría responder al llamamiento del futuro. El general Gabaldón, mensajero de este adiós, le contará de estos días crueles y le dirá cómo supe sonreír bajo el dolor y permanecer sereno ante la dureza del ataque. Que las palabras de mis amigos y la seguridad de que las sendas del bien eran el camino que yo quería recorrer, pongan un poco de consuelo en su corazón, ¡madre querida!...

   La quiere mucho, mucho, mucho:

Pío

 

 

 

Días antes, el 28 de septiembre de 1935, moribundo le escribe a mi padre:

 

 

Para J.A. Tamayo Pérez.

 

Querido Toño:

 

     No tengo acto de que arrepentirme. Seguía los mandatos de mi conciencia y si alguna vez me equivoqué hay que culpar a la imperfección humana, pero nunca a la intención. Muero sereno y conforme con mi conciencia. Decía Juliano en su tienda de campaña, en los últimos momentos de su vida de emperador, mientras Amiano Marcelino, historiador cristiano al lado del apóstata grababa para eternizar las bellas frases de aquella oración postrera: “Oh Helios, oh Sol, cuán bello eres. Un día seré como tú, porque en el destino pleno de todas sus creaturas, está el día en que han de confundirse con la divinidad. Y todos serenos dioses”. Dijo y murió mandando hacia el sol la última mirada.

   ¿Por qué te escribo hoy? Porque quiero decirte, aprovechando minutos de receso en los ataques tremendos, que me voy amándote como al hermano bueno, amándoles con la fuerza toda de mi corazón afectivo. Si hay un poco de dolor al anticiparles mi adiós, es precisamente el dolor que me llevo: el de dejarlos cuando hubiera podido hacer tanto por ustedes, vivir al amparo del cariño mutuo. Por lo demás, no temo la muerte, ni la llamo ni la rechazo. La acepto tranquilamente como un hecho ineludible.

  ¿Qué te he de recomendar? Cultivar en el predio rico de tu espíritu las cualidades nobles que te distinguen; húyeles a las satisfacciones mezquinas de los egoístas. Y vivirás vida colmada de contento interior, que es el más puro de los deleites.

   Esta carta debe llegar a ti en los minutos inmediatos a mi muerte. No olvides que he sido sencillo y limpio de corazón. Procura enterrarme en El Tocuyo, pueblo al que he amado y cuyas gentes me quieren. No deseo ninguna ceremonia religiosa ni aquí ni en el acto del sepelio. Condúceme a una casa amiga en aquel pueblo donde puedan reunirse los que quieran acompañarme al cementerio. Anuncia muy llanamente: “Ha muerto Pío Tamayo. (37 años). Su madre, hermanos y demás deudos invitan para el acto del entierro”. Y en seguida la dirección.

   No pude revisar, corregir ni compilar nada de mi obra. En esas condiciones, no deseo que se publique ninguna cosa. Guárdalas simplemente.

  Te dejo a mamá. ¡Qué gran tesoro, hermano! Quiérela ahora por mí y por ti.

  Te amo y digo adiós: 

 

Pío Tamayo

 

 

 

Las ultimas palabras de Pío:

 

Muero con un enorme deseo de vivir, pero muero tranquilo con mi conciencia…

 

 

 

 

                                   COMENTARIOS FINALES

 

Miguel Acosta Saignes, compañero de prisión de Pío, escribe en un artículo publicado en 1976 en el diario El Impulso:

 

{Pío} “No tuvo la ocasión de publicar libros donde quedaran sus enseñanzas, pero su voz se multiplicó a través de sus discípulos. Ha estado en todos los esfuerzos mejores para transformar a Venezuela. Supo como se prolongaría su memoria, por sus enseñanzas. En uno de sus innumerables poemas de adiós tuvo la iluminación de su permanencia: “Lego a la justicia en marcha/ mi apellido”.

 

Continua Acosta Saignes: “Lo iluminaban en los días postreros mas la política que la poesía y mas la esperanza de su obra predicada que de una salud que sabía ya imposible. Su salida del Castillo no había sido hacia la Libertad sino a la tumba. Pero no al olvido. Esta entre los grandes precursores de las luchas iniciadas en 1936. Ellas culminaran un día con la instauración del socialismo en Venezuela…”

 

Lo que nunca imaginaron estos jóvenes idealistas, que en efecto llegó a Venezuela un  bizarro socialismo “del siglo XXI”, trágicamente sucedáneo al militarismo personalista y opresor de libertades, que precisamente terminaron ofreciendo sus vidas para derrocar.

La nobleza de espíritu, propósito y misión de estos jóvenes, son espejo de la esperanza que nos inoculan estos jóvenes luchadores de hoy como los de ayer: ¡incorruptibles!…y como ellos dirían en la convulsionada Venezuela actual: somos uno de los últimos bastiones* de contención ante un opresor tiránico que se sostiene “surfeando” sobre oleadas de notables cobardes que claudican ante su propia miopía...jóvenes de hoy y de ayer de “idealidad avanzada” como decía Pío, dispuestos a dar la vida por las libertades y derechos humanos, como lo fué tu padre Alberto Federico, ejemplo que has inequívocamente demostrado continuar a través de tu motivante y valiente lucha.  

* otro bastión sin duda lo constituye la televisora Globovisión que dirigió Alberto Federico Ravell.

 

 

Si me preguntaran ¿en que parte del debate ideológico actual ubicaría a Pío Tamayo? Sin vacilar respondería: del lado humanista, en una izquierda de “idealidad avanzada”, de respeto, valoración y admiración por las libertades fundamentales del hombre, que mejor lo resume un pensamiento del filósofo y poeta François Marie Arouet, más conocido como Voltaire:

 

"No estoy de acuerdo con lo que piensas, pero defendería con mi vida tu derecho a expresarlas".

 

 

Alonso Tamayo

 

 

Click a star to rate!

Rating: 0.00 / 5.00  - Not yet rated.
0 ratings

Comments:


Post a Comment

0 / 500 characters


Add to Favorites
E-mail To A Friend E-mail this article to a friend (requires login).

 

Source: ALONSO TAMAYO
http://javellan.com

Related Documents:

Content Tags:

 

Other Recent Articles:

Return to Articulos de Venezuela Articles Search