Carente de verdadero contenido ideológico, esta tiranía se
viste de revolución y se unta de excusas argumentales, caducas y trilladas,
emanadas de un viejo ambicioso, criminal, carcamal moribundo que aun habita en
la isla de Cuba.
Tomando postulados del vetusto, manido e inoperante
manifiesto comunista de 1848, al cual tiene que retroceder pues en los últimos
cien años no hay éxito práctico que lo sustente, retrocede a ideologías
superadas del siglo 19 para esconder una dictadura militar
corrupta.
El discurso revolucionario solo existe para engañar a los
ignorantes y los tontos nacionales o a los extranjeros nostálgicos de una utopía
comunista que niega la realidad de la individualidad como motor de la evolución
humana.
Tras los mamparos solo existe una boliburguesía pestilente
que abraza botellas de wiskey costosas, mientras se regodea en francachelas en
las playas solitarias de nuestras islas, que porta en las muñecas relojes
Cartier, pasea en los aviones de PDVSA y en los yates robados a la antigua clase
dominante.
El terreno para el éxito del engaño fue abonado por los
errores de los viejos partidos y sus operadores durante cuarenta años del siglo
veinte, pecados entre los cuales la exclusión y el cogollerismo político crearon
un vacio insuperable entre los dirigentes y el pueblo.
Quiera Dios que nuevas generaciones, hayan aprendido de sus
errores, aunque a veces lo dudo viendo que persisten las ambiciones personalista
sobre la conveniencia colectiva, aun en medio de la mayor crisis política que ha
existido en Venezuela desde la guerra independentista.
Esta última, es la verdadera lección que aprenderse para
corregir el rumbo que lleva al país hacia un abismo de destrucción. Hay que
retomar el camino de los valores y principios en donde la entrega, la
generosidad, la preocupación genuina por el bienestar del pueblo Venezolano sean
el norte del cambio propuesto.
El país no soporta más mentiras, un estallido social de
magnitudes sin precedentes ya ha comenzado a suceder a paso lento pero
incesante, más de doscientos mil asesinatos en 10 años dan clara cuenta de ello.
Pero más violencia y de más rápida evolución nos depara el futuro si no somos
capaces de entender las lecciones del pasado.
Y recalco, la más importante, el retorno a la autenticidad
política y a la genuina preocupación por el destino de todos, absolutamente
todos, los venezolanos. Esto es, autentico amor a la patria.
Este año muestra una encrucijada, que pareciera ser
definitiva, una última oportunidad antes del precipicio, creo que es deber de
todos, tirios y troyanos, detenernos a reflexionar sobre nuestro
destino.
Hago un llamado a la unión a todos los venezolanos de buena
voluntad, no importa su tolda política, a despecho de ser oficialistas u
opositores, porque el techo del país se cae y aplastará a todos, sin
excepciones.
No hacerlo sería un colosal error y una estupidez de
consecuencias irrecuperables.
Este gobierno ha perdido el rumbo, hay que cambiarlo. Está es
la revolución necesaria.