PARTIDA Y LLEGADA SOBRE LA VIDA Y LA MUERTE - R. Simonetti
Cuando observamos en la playa un velero alejarse de la costa
navegando mar adentro impulsado por la brisa matinal, estamos delante de un
espectáculo de rara belleza. El barco, impulsado por la fuerza de los vientos,
va ganando el mar azul y nos parece cada vez más pequeño. No tarda mucho, en que sólo podemos contemplar un pequeño punto
blanco en la línea remota e indecisa donde el mar y el cielo se encuentran.
Quien observa al velero desaparecer en la línea del horizonte, seguro que
exclamará: ya se fue, ¿se habrá esfumado, evaporado quizás?
Ciertamente no. Apenas lo perdemos de vista, el barco
continúa del mismo tamaño y con la misma capacidad que tenía cuando estaba
próximo a nosotros. Continúa siendo tan capaz como antes de llevar al puerto de
destino, las cargas recibidas.
El velero no se evaporó, aunque no lo volvamos a ver él
sigue siendo el mismo y tal vez en el exacto instante en que alguien dice: "ya
se fue", habrán otras voces mas allá que afirmarán: "ya llega el barco".
Así es la muerte, cuando el velero parte llevandose la preciosa carga de
un amor que nos fue querido y lo vemos sumergirse en la línea que separa lo
visible de lo invisible, decimos: "ya se fue" ¿se habrá esfumado, evaporado? No.
Ciertamente apenas le perdemos de vista, el ser que amamos continúa siendo el
mismo. Su capacidad mental no se pierde, sus conquistas siguen intactas, del
mismo modo que cuando le teníamos a nuestro lado, conservando el mismo afecto
que nos tenia.
Nada se pierde, a no ser el cuerpo físico que en la otra
orilla no se necesita para nada, y es así que en el mismo instante en que
decimos "ya se fue", en la otra orilla dicen jubilosos: ¡Ya está llegando!. Y es
que llego a su destino llevando consigo las adquisiciones ganadas durante su
vida terrena.
La vida jamás se interrumpe, no da saltos ni nos ofrece cambios
espectaculares. Cada uno en su velero, lleva su carga de vicios y virtudes,
afectos y desamores, hasta que se decida a despojarse de lo que no crea
necesario. La vida está hecha de partidas y llegadas.
Un día partimos del mundo espiritual en dirección al mundo
físico y luego, nosotros partimos hacia el mundo espiritual, en un constante ir
y venir, como viajantes de la inmortalidad que somos todos nosotros.