Hoy, como nunca, se habla de Bolívar. Es elemento clave en la
retórica presidencial... No hay discurso, de calle o de salón, que no esté
aderezado con alguna descontextualizada frase del Libertador. El Presidente, ya
por ignorancia, ya por conveniencia, omite a otro Bolívar: el Bolívar civilista,
el estadista, el simple ciudadano que él siempre se sintió. Y cuando uno se
acerca a ese Bolívar se da cuenta de cuán lejos está de las motivaciones y
ejecutorias de un proceso que pretende arroparse con su nombre.
Cuando
uno contempla asombrado los esfuerzos del Presidente por someter a su arbitrio a
todos los poderes, no puede menos que recordar aquella parte de su Discurso en
el Convento de Franciscanos, el 2 de Enero de 1814, en la cual afirmaba:
"Huid
del país donde uno solo ejerza todos los poderes: es un país de
esclavos"...
Ese mismo pensamiento lo expresa catorce años más tarde, el 27 de Agosto de
1828, cuando se dirige a los ciudadanos de la Gran Colombia en los siguientes
términos: "¡Compadezcámonos
mutuamente del pueblo que obedece y del hombre que manda
solo!".
Ese es el Bolívar
que Chávez no leyó.
Cuando uno revisa la invasión de militares, activos y
retirados, en todos los niveles de gobierno, o escucha el discurso militarista y
guerrerista del Presidente, se le viene a la memoria una lapidaria frase que
Bolívar le escribió a Madariaga el 26 de noviembre de 1816:
"El
sistema militar es el de la fuerza, y la fuerza no es
gobierno". Esta
idea permanece constante en el Libertador, quien trece años más tarde, el 13 de
septiembre de 1829, le escribe a O' Leary: "Es
insoportable el espíritu militar en el mando civil". Ese es el
Bolívar que Chávez no leyó.
Cuando uno escucha las amenaza de Chávez de
permanecer en el poder hasta más allá de lo legal y legítimamente admisible, le
retumban en los oídos las palabras de Bolívar en el Discurso al Congreso de
Angostura, el 15 de febrero de 1819: "Nada
es tan peligroso como dejar permanecer largo tiempo en un mismo ciudadano el
poder"... Y cuatro años
más tarde, el 15 de Abril de 1823, califica ya no la situación sino la actitud
de quien se aferra al poder por todos los medios, cuando le escribe a
Santander: "Es
una manía miserable el querer mandar a todo trance".
Ese es el Bolívar
que Chávez no leyó.
Cuando uno advierte los esfuerzos presidenciales por
torpedear cualquier consulta ciudadana que ponga en riesgo su permanencia en
Miraflores, piensa en el Bolívar que en carta al Dr. Castillo Lara, el 13 de
septiembre de 1829, sentencia: "En
los gobiernos no hay otro partido que someterse a lo que quieran los
más". Ese es el
Bolívar que Chávez no leyó.
Cuando uno tiene la paciencia y el valor de
escuchar las alocuciones del Presidente, cargadas de odio, de insultos, de
descalificaciones y de inquina, piensa en el Bolívar que le escribe a
Santander, el 15 de abril de 1823: "Los
intrigantes corrompen los pueblos, desprestigiando
la autoridad", opinión que
ratifica al mismo Santander, el 23 de febrero de 1825, cuando le escribe:
"En
política nada vale tanto y cuesta menos como las demostraciones de respeto y
consideración". Ese
es el Bolívar que Chávez no leyó.
Cuando uno observa el uso que el
Presidente hace de la Fuerza Armada para amedrentar y reprimir a todo el que se
niegue a tragarse el proceso, recuerda lo que Bolívar escribió en el proyecto de
Constitución para Bolivia, el 25 de mayo de 1826: "El
destino del ejército es guarnecer la frontera. ¡Dios nos preserve de que vuelva
sus armas contra los ciudadanos!". Ese es el
Bolívar que Chávez no leyó.
Cuando uno, en suma, recorre la historia del
último quinquenio, y suma las payasadas, los
desatinos, las
sandeces y las
malcriadeces del
Presidente, uno se convence (y cada día más) de que, como Bolívar le escribía
a Santander el 12 de Noviembre de 1823, "Un
necio no puede ser autoridad". Ese es el Bolívar
que Chávez no leyó.
DESPIERTA VENEZUELA, DESPIERTA.